Ayer miraba en Linked In las recomendaciones que yo había escrito. Y me llamó la atención que en la mayoría mencionaba la calidez de la persona recomendada. Parecía un lugar común pero realmente no lo era.
La calidez para mí es muy importante en ciertos casos. Comprendo que no toda la gente es naturalmente cálida porque la calidez implica proximidad y esto no es algo que sea muy sano ejercer a mansalva.
La calidez aparece como producto de un vínculo, como norma de conducta, como una estrategia de seducción conciente o inconciente o como un muestra de debilidad y sumisión.
Cuando es producto de un vínculo es porque hay algún tipo de reconocimiento previo a las muestras de calidez. Lo que sí, hay gente que más allá de ese reconocimiento no es capaz de expresarlo mediante gestos cálidos. Que no quiere decir que no sea una excelente persona.
Pero no siempre es producto del vínculo. A veces es una norma de conducta, de convivencia, propia más que nada. Y no quiere decir que una persona cálida sea una buena persona. Sólo quiere decir que hay un cierto cuidado en el trato. Y eso, igual, se agradece.
Hay dos casos igualmente, en que la calidez no es algo agradable o tranquilizador.
Los/as seductores/as premeditados/as o compulsivos/as también abundan en muestras de calidez, generalizadas y a veces inescrupulosas. Y ahí depende de cada uno, si les damos o no espacio, o hasta dónde las permitimos o hasta dónde nos parecen ubicadas y agradables y cuando empiezan a percibirse como falsedad o acoso.
Y como muestra de debilidad y sumisión, realmente me produce enojo. Si las personas se ponen demasiado serviciales o aduladoras, diría más bien, serviles, me hace sentir estafada en lugar de respetada o cuidada. Me llena de sospechas y me pone en una situación en que siento que esas muestras exageradas pasarán a integrar una cuenta corriente cuyas consecuencias y relevancia desconozco. Y yo no acepto contraer ese tipo de deudas que no sé si seré capaz de saldar. O mejor dicho, que quizás nunca serán percibidas como saldadas. Si algo me produce un gran enojo y me predispone mal de igual modo es que las personas se pongan por debajo o por encima de mí, por naturaleza o como táctica. No en cuestiones de autoridad o rango formal (roles, que para mí son circunstanciales), sino en el plano personal.
Pero volviendo al tema, tal vez no es tan importante la calidez (sana) en un trabajo corto, pero a largo plazo me parece que sí. Eso y la buena voluntad. Porque como ya dije un montón de veces hasta el cansancio, no elegimos convivir con esos "extraños" que son nuestros compañeros de trabajo, entre 9 y 11 horas diarias, de los mejores días de los mejores años de nuestra vida. Y que las personas se traten bien, se cuiden, se den tiempos o respeten las distancias cuando por motivos personales se repliegan, es muy importante a la hora de convivir años en un mismo espacio.
¿Se dan cuenta de lo importante que es que esas personas que están forzadas a convivir puedan establecer un vínculo laboral sano, de respeto, de complacencia? ¿Y más aún cuando los roles que nos toca desempeñar están matizados con cierta dosis de presión, variable, desde leve a imposible, en algunos períodos? Tal vez la mayoría de esas personas no se convertirá en amigos, pero estarán a nuestro lado durante un parte importante de nuestra vida.
Afortunadamente he podido "coleccionar" amigos sinceros en cada lugar en donde me tocó estar y muy buenos recuerdos de la mayoría de mis compañeros con los cuales no se generó un vínculo tan profundo. Y entre ellos, también tengo amigos que no son muy cálidos, pero que son muy buena gente. Porque es importante también saber separar. La calidez no tiene que ver necesariamente con la amistad o con el afecto, tiene que ver con el grado de cuidado de un vínculo, en este caso laboral o profesional.
La amistad, el amor, la confraternidad, son otras cuestiones, casi sin preceptos.
Buenos días.
DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.
informacion conocimiento aprendizaje manipulacion
viernes, 18 de mayo de 2012
jueves, 29 de marzo de 2012
Más sobre síndromes laborales.
Desde diciembre he estado pasando por muchos contratiempos que me han alejado de las redes sociales, de este blog, de mis lecturas. Y luego, como siempre, el año lectivo me arroja a la vorágine del exceso de trabajo, sobre todo en febrero, marzo y parte de abril, cuando se trata de actualizar la materia, organizarse, crear ejercicios y problemas, evaluar nueva bibliografía.
En el transcurso ocurrió el fallecimiento de mi padre, tras sufrir un par de meses, con lo que probablemente esté más sensibilizada que lo normal.
Pero este año participé de una reunión en mi trabajo en donde el tema fue que varias personas, que conozco desde hacer años y otras un poco menos, de 50 o más años pero también personas jóvenes, muy jóvenes, de alrededor de 25 años, habían "cortado polea". Ataques de pánico y otros síndromes. Hace dos años ya había habido un caso de un consultor que durante un ensayo de una obra de teatro para niños en el marco del programa de voluntariado, había sufrido una crisis (ignoro de qué), en donde comenzó con ideas delirantes persecutorias, y tras no poder aproximarse nadie, salió corriendo, subió a su auto, embistió a un compañero de Prosegur y desapareció a gran velocidad hasta que lo hallaron dormido en su auto, 2 días más tarde. Ahora otro compañero, este verano, en Panamericana, se le "clavó la caja" en el carril rápido durante su regreso a su casa, se bajó del auto, lo empujó hasta la banquina y recién al día siguiente cuando todo el mundo le dijo que estaba loco, cayó en la cuenta, volvió a su casa y no quiso volver a salir. Una chica joven, 27 años, creo, ignoro tras qué disparador, estuvo varias semanas sin venir. Hoy quienes la tratan notan actitudes extrañas y esperan una nueva crisis en cualquier momento. Hubo otros casos que se mencionaron en la reunión pero que no recuerdo, porque no reconocí los nombres.
¿Por qué pienso que es el trabajo? Porque se trataba de gente que no podía no responder a la presión. Asumía, asumía, asumía con cabal naturalización cualquier exigencia. ¿Qué hay una cuestión de personalidad? ¡Desde luego! Cómo no, en esta sociedad, acólita del Dios Trabajo, que exige de cada uno una víctima propiciatoria.
Pero volvamos al tono gentil. Salgamos del tono panfletario.
También otros casos además de esos que ahora recuerdo. Un compañero de Sistemas de mi pareja, de años, en otra empresa que salió de mediana y pasó a ser grande, repentinamente empezó a aterrorizarse cuando veía gente y sigue aún sin superar su problema.
Pero en setiembre del 2010 mencioné el caso de un compañero de la facultad que trabaja en una gran empresa. En ese post contaba un pequeño testimonio, luego de padecer una especie del antiguo "surmenage". En su momento soné tremendista con mis recomendaciones pero yo ya había leído a Alejandro Melamed y ya había reconocido su texto en muchos casos muy cercanos. La gente no da suficiente importancia a esa actividad que hacemos en las mejores horas de los mejores días de los mejores años de nuestras vidas.
Le dije que se lo tomara en serio pero siguió trabajando en cama durante su convalescencia desde su casa pero sin asistir físicamente a reuniones. Pensé: "tal vez estoy equivocada y exagero".
Pero no, no me equivoqué.
Hace un mes aproximadamente lo volvieron a internar, nuevamente desmayos y otros síntomas. Aún no lo he visto pero sí sé que esta vez no atiende llamadas por celular porque siguen llamándolo de su trabajo.
Demasiado alto el costo.
Buenos días.
DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.
informacion conocimiento aprendizaje manipulacion
En el transcurso ocurrió el fallecimiento de mi padre, tras sufrir un par de meses, con lo que probablemente esté más sensibilizada que lo normal.
Pero este año participé de una reunión en mi trabajo en donde el tema fue que varias personas, que conozco desde hacer años y otras un poco menos, de 50 o más años pero también personas jóvenes, muy jóvenes, de alrededor de 25 años, habían "cortado polea". Ataques de pánico y otros síndromes. Hace dos años ya había habido un caso de un consultor que durante un ensayo de una obra de teatro para niños en el marco del programa de voluntariado, había sufrido una crisis (ignoro de qué), en donde comenzó con ideas delirantes persecutorias, y tras no poder aproximarse nadie, salió corriendo, subió a su auto, embistió a un compañero de Prosegur y desapareció a gran velocidad hasta que lo hallaron dormido en su auto, 2 días más tarde. Ahora otro compañero, este verano, en Panamericana, se le "clavó la caja" en el carril rápido durante su regreso a su casa, se bajó del auto, lo empujó hasta la banquina y recién al día siguiente cuando todo el mundo le dijo que estaba loco, cayó en la cuenta, volvió a su casa y no quiso volver a salir. Una chica joven, 27 años, creo, ignoro tras qué disparador, estuvo varias semanas sin venir. Hoy quienes la tratan notan actitudes extrañas y esperan una nueva crisis en cualquier momento. Hubo otros casos que se mencionaron en la reunión pero que no recuerdo, porque no reconocí los nombres.
¿Por qué pienso que es el trabajo? Porque se trataba de gente que no podía no responder a la presión. Asumía, asumía, asumía con cabal naturalización cualquier exigencia. ¿Qué hay una cuestión de personalidad? ¡Desde luego! Cómo no, en esta sociedad, acólita del Dios Trabajo, que exige de cada uno una víctima propiciatoria.
Pero volvamos al tono gentil. Salgamos del tono panfletario.
También otros casos además de esos que ahora recuerdo. Un compañero de Sistemas de mi pareja, de años, en otra empresa que salió de mediana y pasó a ser grande, repentinamente empezó a aterrorizarse cuando veía gente y sigue aún sin superar su problema.
Pero en setiembre del 2010 mencioné el caso de un compañero de la facultad que trabaja en una gran empresa. En ese post contaba un pequeño testimonio, luego de padecer una especie del antiguo "surmenage". En su momento soné tremendista con mis recomendaciones pero yo ya había leído a Alejandro Melamed y ya había reconocido su texto en muchos casos muy cercanos. La gente no da suficiente importancia a esa actividad que hacemos en las mejores horas de los mejores días de los mejores años de nuestras vidas.
Le dije que se lo tomara en serio pero siguió trabajando en cama durante su convalescencia desde su casa pero sin asistir físicamente a reuniones. Pensé: "tal vez estoy equivocada y exagero".
Pero no, no me equivoqué.
Hace un mes aproximadamente lo volvieron a internar, nuevamente desmayos y otros síntomas. Aún no lo he visto pero sí sé que esta vez no atiende llamadas por celular porque siguen llamándolo de su trabajo.
Demasiado alto el costo.
Buenos días.
DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.
informacion conocimiento aprendizaje manipulacion
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





