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viernes, 17 de febrero de 2012

Más sobre los hospitales públicos.

El progreso, como todo invento humano tiene aspectos maravillosos y aspectos nocivos.

Entre los aspectos maravillosos está el mejoramiento de la calidad de vida y entre los nocivos la lentitud conque estas mejoras se difunden a todos los estratos sociales.

Este mejoramiento de la calidad de vida tiene además otro aspecto nocivo y es tergiversar la percepción de "necesidad" en la gente. Por ejemplo: tenemos agua corriente (no todos la tienen). Eso es maravilloso. Si buceamos en la historia, muchos males desaparecieron o mitigaron por la amplia difusión del agua corriente. Si no se termina el agua dulce potable (que las grandes industrias malgastan en pos de satisfacer la falsas necesidades crecientes de la población consumista), es una tendencia a convertirse en un piso. Pero aquellos que ya la tienen fueron tras el agua caliente. Y está muy bien. Las infecciones urinarias disminuyen con el uso del agua tibia en la higiene en lugar de fría. Pero no es necesario agua caliente para lavarse las manos, tampoco para lavar una prenda que no está muy sucia, tampoco para lavar un portalápices de acrílico. Usamos agua caliente por comodidad innecesariamente. Y eso hace que el día que tenemos que racionalizar el agua caliente, se nos termine el mundo.

–¿Cómo me lavo las manos? ¿Cómo me voy a lavar la cara?
Como antes.

Es un ejemplo estúpido, ¿no?

Vamos a otro.

Cuando empezaron a proliferar los hospitales públicos, y se los construyó con los mejores criterios higienistas del momento. Cuando la gente comenzó a consultar sus malestares, cuando aún no era crítico su estado. Cuando la gente comenzó a visitar periódicamente al médico para hacerse un control general sin sentir malestares. Progresamos, ¿no? Y vemos como padecimiento lo que antes fue una bendición

Es cierto, los hospitales reciben muchos pacientes, mucho más de lo que da su infraestructura y sus sistemas de gestión, poco ágiles para la realidad actual.

Es cierto, los hospitales reciben muchos pacientes extranjeros que encuentran aquí un alivio a su salud que no encuentran en su país de origen.

Es cierto, los hospitales albergan gente sin techo durante las noches que se guarecen del frío, la lluvia o el calor excesivo.

Todas cuestiones que tienen solución y que nos dice que el hospital público ofrece muchas más soluciones de las que originalmente se pretendía que ofreciera. Suple otras falencias que se corregirían si se tomaran otras medidas ajenas al hospital.

Mucho valor agregado. Mucho valor social agregado.

Las universidades públicas nacionales (que están detrás los hospitales públicos) están bastante bien posicionadas internacionalmente (hay métricas que contemplan varios items objetivos). No voy a caer en el chauvinismo de decir que son las mejores de latinoamérica o similar. No me interesa. Lo que sí interesa es que son buenas, son gratuitas y no discriminan, y que hay además mucha gente excelente trabajando para que mejore. La producción científica es alta y significativa.

El hospital público argentino que es tan frecuentemente blanco de las críticas y el desprecio de muchos con voz, sigue siendo un referente de la salud, de la contención social, de la construcción del conocimiento y de la investigación científica.

Y nadie te hace prácticas innecesarias para facturar a la obra social.

Siendo éstas realidades del hospital público, ¿sigue pareciendo tan terrible hacerse atender en el hospital público?

¿Es muy osado pretender que los funcionarios, avalen a estas eminentes instituciones sociales, poniendo su salud en manos del hospital público? Sinceramente, no me parece que lo sea. Y de paso que sean testigos de la otra realidad social, esa que no los toca jamás, ni tangencialmente. Porque para su conveniencia también, señores funcionarios, allí nacen los ciudadanos que con sus impuestos pagarán sus dietas y salarios. Allí los ingresan al sistema, los hacen existir para que no escapen de cumplir sus obligaciones ciudadanas. Allí los sanan para que sigan en la rueda del trabajo y del consumo. Allí se reciclan los restos de la sociedad disgregada que ustedes no saben o no quieren arreglar.

Pero volviendo al hombre, su salud y su bienestar que es lo que a mí me importa, ¿y si trabajamos para que sean aún más excelentes? Es uno de los mejores activos que tenemos en nuestro patrimonio social. Deberíamos mimarlos y no vituperarlos. Aprovisionarlos de conocimiento, de proyectos, de ideas, de tecnología, de bienestar. 

Allí se combatieron las peores epidemias, desde allí nos salvamos todos de las grandes amenazas de nuestra salud.

Es una de las mejores inversiones de las que podemos enorgullecernos los que pagamos nuestros impuestos.

Más respeto y menos desprecio, por favor, que más de un sanatorio de prestigio debería sacarse el sombrero ante ellos.

Buenos días.

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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